La casa de Francisco Juárez en Celaya | L100326

La casa de Francisco Juárez, de noche
Avenida Francisco Juárez 903, Celaya. Foto de archivo.

Ficha del Archivo

  • Nombre del caso: La casa embrujada de Francisco Juárez. No confundir con la niña de la Alameda: otra niña, otra casa.
  • Clasificación: L100326.
  • Lugar: Celaya, Guanajuato.
  • Zona específica: Avenida Francisco Juárez 903, poco antes de Jiménez.
  • Fecha o periodo: Se cuenta desde hace unas cuatro décadas.
  • Tipo de fenómeno: Leyenda.
  • Fuentes principales: Luz Zárate, Periódico Correo, 31 octubre 2023. Cassandra Cruz, Periódico Correo, 22 mayo 2024. Compilación local Leyendas de Celaya (Anton Ruiz).

Le gritaba que se fuera de su casa

El hombre rentó la 903 porque necesitaba techo, no porque buscara un espectro. La avenida Francisco Juárez, en Celaya, a esa hora todavía tiene tráfico; la casa es de dos pisos, teja roja, portón de herrería, el número a la vista. Entró con las maletas. Duró poco.

De noche la niña se le aparecía, le hablaba, le azotaba las puertas y las ventanas, y cada noche le gritaba que se fuera de su casa. El tono subió. Él no se quedó a discutir de quién era el cuarto: juntó otra vez las maletas, esperó al dueño y le entregó las llaves. En las versiones que se cuentan en Celaya, el cuento de ese inquilino se acaba ahí.


Fuente del relato. Esto no lo inventamos. Luz Zárate lo publicó en Periódico Correo el 31 de octubre de 2023: el número 903, el hombre que rentó, la niña que se le aparece, le habla, le azota puertas y ventanas y cada noche le grita que se vaya. No hay nombre del rentero ni de la niña. Es escena-tipo. Cassandra Cruz lo volvió a recoger el 22 de mayo de 2024. Aquí contamos esa temporada con más calma. No le pusimos un diálogo que ellas no dejaron ni un asesino con nombre.

«Se dice que un poco después de que sucedió el crimen, un hombre rentó la casa, pero duró poco viviendo ahí porque supuestamente una niña se le aparecía, le hablaba, le azotaba las puertas, ventanas y cada noche le gritaba que se fuera de su casa.»

Luz Zárate, en Periódico Correo — Esta es la leyenda de la casa abandonada en Francisco Juárez de Celaya, 31 octubre 2023. Recogido otra vez por Cassandra Cruz, Periódico Correo, 22 mayo 2024.

La leyenda

La niña de Francisco Juárez se aparece dentro de la casa del 903, en Celaya: dos pisos, teja, portón de herrería hacia la avenida. Se le cuenta la voz y las puertas: habla, sale entre las puertas, azota las ventanas. Cada noche le grita al que acaba de entrar que se vaya de su casa. El tono, dicen, sube si el rentero se queda.

Lo que hace es vaciar el inmueble. Un hombre dura poco; la siguiente familia, unos meses; el negocio, el café internet, la oficina, lo mismo. Hay quien cuenta el reto de una noche: si te quedabas dormido ahí, la casa era tuya, y nadie amanecía. Hay quien dice que pasaron padres a bendecirla y la presencia seguía. Desde la calle se oye llanto, o se ve una sombra en el piso de arriba. El oficio es la 903 que no se deja habitar.

Se le teme porque la avenida es de tráfico y de gente, y aun así esa fachada se queda sola. Se le cuenta de boca en boca, de chico a grande, para que el número 903 no sea solo un número. Quien oye el grito de la niña no está oyendo a la vecindad: está oyendo que la casa ya tiene dueña.

Origen, adquisición o manifestación

La tradición más repetida dice que ahí mataron a una niña y que desde entonces la casa quedó mal. Correo anota que nunca se ha dicho quién era, quién la mató, cómo, cuándo ni por qué. Otras bocas hablan de accidente o de una tragedia que no se aclaró. Eso es cómo se llega a ser esta presencia: una muerte en el cuarto, sin partida que la fije. No hay receta. No se inventa el crimen.

Prácticas de protección, control o defensa

Anton Ruiz recoge que fueron padres a bendecir la casa y que los intentos no alcanzaron: la presencia seguía. El reto de pasar una noche no es un rito de defensa; es el rumor de una casa que se regala a quien aguante, y nadie aguanta. Los dueños, en Correo, niegan el ofrecimiento. Aquí no se escribe un paso a paso para invocarla ni para desalojarla.

Origen y contexto de la leyenda de la casa de Francisco Juárez

La casa de Francisco Juárez en Celaya, foto de archivo
Avenida Francisco Juárez 903, Celaya. Foto de archivo.

En una de las avenidas más transitadas de Celaya, entre el movimiento cotidiano de autos, comercios y peatones, existe una casa que por décadas ha sido señalada por los habitantes de la ciudad como uno de los lugares más inquietantes del municipio.

La vivienda, ubicada en el número 903 de la avenida Francisco Juárez, no destaca particularmente por su arquitectura. Se trata de una construcción residencial de tamaño medio, de dos niveles, con portón y ventanas hacia la calle. Sin embargo, desde hace décadas su fachada ha sido objeto de miradas curiosas, historias susurradas y rumores persistentes.

La leyenda cuenta que allí vivía una familia con una niña pequeña.

Según la versión más difundida, la menor murió dentro de la casa en circunstancias trágicas. Las versiones cambian dependiendo de quién narre la historia: algunos hablan de un accidente doméstico, otros de un asesinato, y algunos más mencionan simplemente una tragedia familiar cuya naturaleza nunca se aclaró.

Lo único que parece constante en todos los relatos es que, tras la muerte de la niña, la familia abandonó la casa.

A partir de ese momento comenzaron a surgir los rumores.

Vecinos y transeúntes comenzaron a decir que, por las noches, se escuchaban ruidos dentro de la vivienda. Algunos aseguraban haber visto sombras moverse detrás de las ventanas. Otros afirmaban escuchar un llanto infantil cuando la calle quedaba en silencio.

Con el paso de los años la historia se volvió parte del imaginario de la ciudad.

En los años noventa, cuando la radio era uno de los principales espacios donde se compartían experiencias extrañas, comenzaron a recibirse llamadas de personas que aseguraban haber pasado frente a la casa de madrugada y haber visto figuras o escuchado sonidos provenientes del interior.

Sin embargo, ninguno de estos testimonios correspondía a alguien que hubiera vivido dentro de la casa.

Los relatos provenían siempre del exterior.

Con el tiempo surgieron nuevas versiones que reforzaron el misterio. Una de las más conocidas afirma que la casa fue ofrecida en alguna ocasión a quien fuera capaz de pasar una noche completa en su interior, supuestamente como una forma de demostrar que no ocurría nada sobrenatural.

Según el rumor, nadie logró permanecer allí hasta el amanecer.

Los propietarios de la vivienda han negado en varias ocasiones que exista tal ofrecimiento y han evitado permitir investigaciones o visitas al lugar, señalando que la curiosidad pública solo alimenta la fama del inmueble.

A pesar de la leyenda, la casa no ha permanecido abandonada de forma permanente.

En distintos periodos ha sido ocupada por inquilinos, e incluso hace aproximadamente una década fue utilizada durante algún tiempo por una empresa de seguridad privada como oficina.

Según versiones populares, la empresa abandonó el inmueble debido a fenómenos extraños ocurridos durante la noche. Sin embargo, nunca se han presentado testimonios directos verificables de trabajadores que hayan confirmado tales experiencias.

Lo que sí es cierto es que el inmueble ha tenido periodos de ocupación relativamente breves, lo cual ha contribuido a reforzar la percepción colectiva de que “nadie dura mucho tiempo allí”.

Con el paso de las décadas, la historia de la niña se convirtió en una de las leyendas urbanas más persistentes de Celaya.

La casa embrujada de Francisco Juárez, es una historia transmitida principalmente de boca en boca, entre generaciones que han crecido escuchando que en esa casa ocurrió algo terrible… y que, de alguna forma, nunca se fue del todo.


La Casa de Celaya, umbral

Interpretaciones

a) Explicaciones racionales

Desde el punto de vista psicológico y social, la persistencia de este tipo de relatos puede explicarse mediante varios fenómenos conocidos.

Uno de los más relevantes es la expectativa perceptiva. Cuando una persona entra o pasa cerca de un lugar con fama de embrujado, su cerebro se encuentra en estado de alerta y tiende a interpretar estímulos ambiguos como señales de peligro o presencia.

Ruidos normales de una casa —como dilatación de materiales, corrientes de aire o vibraciones— pueden ser interpretados como pasos, golpes o movimientos.

Otro fenómeno relacionado es la pareidolia, un mecanismo cognitivo que lleva al cerebro a reconocer figuras familiares, especialmente rostros o siluetas humanas, en patrones visuales aleatorios. En ambientes nocturnos o con iluminación deficiente, sombras proyectadas por árboles, faroles o vehículos pueden parecer figuras humanas observando desde las ventanas.

También interviene el llamado sesgo de confirmación. Cuando una comunidad cree que un lugar es paranormal, cualquier evento cotidiano —un ruido, un cambio de inquilinos, una casa vacía— se interpreta como evidencia que confirma la historia previa.

En el caso específico de la casa de la avenida Juárez, el hecho de que algunos ocupantes hayan permanecido poco tiempo podría explicarse por factores completamente ordinarios: contratos de renta cortos, cambios de uso del inmueble o simplemente la incomodidad de vivir en un lugar constantemente observado por curiosos.

Sin embargo, para la narrativa popular estos hechos refuerzan la idea de que algo inexplicable ocurre en el interior.


b) Interpretaciones culturales

Dentro de muchas tradiciones culturales, la muerte de un niño es considerada uno de los eventos espirituales más perturbadores.

En el imaginario popular mexicano existe la creencia de que las almas de los niños pueden permanecer cerca del lugar donde murieron, especialmente si su muerte fue repentina o injusta.

Este tipo de relatos se conecta con la figura simbólica del espíritu infantil que no ha encontrado descanso, presente en múltiples historias del folklore latinoamericano.

En muchas narraciones de casas embrujadas, la presencia infantil representa inocencia interrumpida, tragedia familiar y culpa colectiva. La casa misma se convierte en un símbolo del recuerdo congelado en el tiempo.

Además, dentro del pensamiento popular existe la idea de que ciertos lugares pueden “retener” emociones intensas asociadas con eventos traumáticos. Esta concepción, aunque no forma parte de la ciencia formal, aparece con frecuencia en relatos de apariciones y fenómenos paranormales.

Así, la historia de la niña en la casa de la avenida Juárez puede entenderse también como una forma simbólica de procesar una tragedia imaginada o real que la comunidad ha convertido en memoria colectiva.


Analogías

Historias similares aparecen en numerosas ciudades del mundo.

En Estados Unidos y Europa es común encontrar relatos de casas embrujadas donde la entidad central es un niño fallecido, cuya presencia se manifiesta mediante ruidos, risas o movimientos de objetos.

Uno de los ejemplos más conocidos es el caso de la llamada Amityville Horror House, donde una vivienda adquirió fama internacional tras una tragedia familiar que posteriormente fue asociada con fenómenos paranormales.

En México existen narraciones similares en diferentes ciudades. Casas donde supuestamente se escuchan llantos infantiles o donde los inquilinos no permanecen por mucho tiempo.

Estas historias comparten varios elementos narrativos:

  • una tragedia inicial
  • una casa que queda vacía
  • testimonios indirectos
  • y la transmisión oral de generación en generación.

Este patrón sugiere que las leyendas de casas embrujadas cumplen una función cultural más amplia: advertir, entretener y preservar la memoria de un lugar dentro de la identidad local.


Lo que la casa hace con el oído a veces se explica sin niña: infrasonido y moho es el expediente de esas hipótesis, no este umbral de Celaya.

Testimonios y registros

Hasta el momento no se conocen registros oficiales que documenten la muerte de una niña en la dirección asociada a la leyenda.

La ausencia de documentos no necesariamente significa que el evento nunca ocurrió, pero sí indica que, de haber sucedido, no fue registrado públicamente o la información se perdió con el tiempo.

Los testimonios existentes provienen principalmente de tres fuentes:

  • relatos orales transmitidos entre habitantes de Celaya
  • experiencias narradas en programas de radio desde la década de 1990
  • comentarios y publicaciones en internet durante las últimas dos décadas.

Un aspecto notable es que la mayoría de los testimonios proviene de personas que pasaron frente a la casa o vivían en los alrededores.

Son extremadamente raros —o inexistentes— los relatos verificables de personas que hayan vivido dentro de la casa y descrito experiencias sobrenaturales detalladas.

Esta característica es común en muchas leyendas urbanas, donde el testigo suele ser indirecto y el relato se transmite mediante el clásico “le pasó a alguien que conocí”.


Casos similares

En la era digital, historias como la de la casa de la avenida Juárez han encontrado una nueva vida en redes sociales y medios locales.

Diversos portales y videos han retomado la historia como una de las leyendas urbanas más conocidas de Celaya, lo que ha contribuido a mantenerla vigente entre nuevas generaciones.

En muchos casos, las publicaciones digitales repiten elementos del relato tradicional —la niña, los ruidos nocturnos, los inquilinos que se marchan— sin aportar nuevos datos verificables.

Este fenómeno demuestra cómo las leyendas urbanas pueden adaptarse a nuevos medios de comunicación sin perder su esencia narrativa.


Conclusión CDM

La historia de la casa de la avenida Juárez es, ante todo, un ejemplo de cómo nacen y sobreviven las leyendas urbanas.

Existe un lugar real.
Existe una historia trágica que la gente recuerda de distintas maneras.
Y existe una comunidad que, durante décadas, ha mantenido vivo el relato.

Lo que no existe —al menos hasta ahora— es evidencia documental clara que confirme los eventos descritos por la tradición oral.

Sin embargo, esa ausencia de pruebas no ha impedido que la historia continúe circulando.

Al contrario.

El misterio, la contradicción entre versiones y la falta de respuestas definitivas han convertido a la casa en un punto permanente de curiosidad dentro del imaginario colectivo de Celaya.

Quizá la niña de la historia nunca existió.

O quizá ocurrió algo que la memoria de la ciudad transformó con el paso del tiempo.

Sea cual sea la verdad, la casa sigue allí.

Y mientras alguien pase frente a sus ventanas preguntándose qué ocurrió realmente dentro de ellas, la leyenda seguirá viva.


Registro adicional

Este archivo se basa principalmente en tradición oral y recopilación de relatos populares.

Debido a la ausencia de registros oficiales confirmados sobre los hechos originales, algunos detalles del relato pueden variar según la fuente o el narrador.

Como ocurre con muchas leyendas urbanas, la historia continúa evolucionando con el paso del tiempo.

Fin del Archivo – La Calle del Miedo

La casa de Francisco Juárez en Celaya / Periódico El Correo

🧾 Ficha técnica del caso

La casa embrujada de Francisco Juárez

Tipo: Leyenda urbana
Ubicación: Celaya, Guanajuato, México

Definición

La llamada “casa embrujada de Francisco Juárez” es una propiedad ubicada en Celaya, conocida por relatos populares que describen la presencia de fenómenos paranormales en su interior.

Origen de la leyenda

La historia se asocia con la supuesta muerte de una niña dentro de la vivienda, evento al que se atribuye el inicio de manifestaciones reportadas por habitantes y visitantes.

Testimonios y relatos

  • Ruidos inexplicables durante la noche
  • Apariciones de una figura infantil
  • Abandono recurrente por parte de inquilinos

Fenómeno social

La propiedad ha permanecido desocupada por largos periodos y se ha consolidado como un referente local del folclore paranormal.

Análisis

No existen registros oficiales que confirmen los hechos descritos en la leyenda. El caso se sustenta principalmente en testimonios orales.

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